No hubo tranquilizante, ni antidepresivo que le devolviera la felicidad

Por: Ana Julia Solis

Cuando Umberto Eco cumplió 13 años fue a ver al padre Celi, un salesiano que le enseñó a tocar un instrumento musical. Era, pues, el 5 de enero de 1945 cuando fue a ver al padre y le dijo: «Padre Celi, hoy cumplo 13 años». «Pues muy mal empleados» le contestó él en tono arisco. Este hecho de la vida de Eco lo marcó y lo llevó a reflexionar sobre cómo empleó él sus años de vida. De igual forma, al darnos cuenta que la vida es maravillosa pero frágil, a mí me lleva a pensar no solo en ¿cómo he empleado cada año de mi vida?, sino que, al concluir cada día, debería preguntarme ¿en qué empleo cada instante?, porque en cualquier inesperado segundo puedo dejar este mundo y ¿habrá valido la pena cada afán que me ocupó? La invitación que sugiere Eco es a que pensemos ¿en qué hemos empleado todos estos años de vida?, ¿habrán sido bien o mal empleados?

Mi madre, que en paz descanse, pasó sus últimos 23 años de vida, renegando de su existencia, lamentado sus malas decisiones, añorando glorias pasadas, victimizándose en todo momento y haciéndonos víctimas, a los que la rodeábamos, de su amargura. No hubo tranquilizante, ni antidepresivo que le devolviera la felicidad. Por ello, es importante comprender que las decisiones, independientemente de si son buenas o malas, solo el transcurrir de los años nos lo hará saber. Deben tomarse con valentía, sin temor y en el momento que nos lo requiera la vida, no dejarlas para después. Porque conforme avanza la edad, poco a poco, se pierden las fuerzas y se deteriora la salud, se van mermando nuestras capacidades y lo que no se hizo en su momento, por miedo, por el qué dirán, porque creo que no puedo o por cualquier otra excusa, quizá simplemente ya no se hará. Además, gradualmente nos acomodamos y preferimos vivir del hubiera…hubiera hecho esto o aquello, hubiera estudiado más, hubiera aprendido a manejar, hubiera viajado, hubiera tenido el valor de enfrentar mi realidad y transfórmala, etc. En fin, pueden existir una innumerable cantidad de hubieras… Pero en realidad lo que quizá faltó fue el valor para salir del acomodamiento y de las rutinas que impone el día a día. Como diría Cantinflas: “¡Para luego es tarde!”, con contundencia, fortaleza y valentía es posible, en cualquier momento, tomar la decisión o las decisiones que aniquilen para siempre de nuestras vidas el “hubiera…”.

Esto no es una clave de vida que aplique a todos y todas por igual, aplica para los que, como yo, hemos tenido un sinfín de oportunidades, que iniciaron con el simple hecho de poder contar con algo tan elemental como lo es el acceso a una buena alimentación y a la posibilidad de estudiar. Porque en este, a veces, ingrato país hay que recordar que muchos niños y niñas nacen en un entorno tan adverso de pobreza extrema que ni siquiera les permite satisfacer estos derechos humanos básicos. Pero si usted, ¡sí! ha tenido oportunidades, déjese de lamentaciones, actúe sobre su propia vida, tome el control, mande al carajo a quien tenga que mandar, revélese ante su propia existencia, viva con pasión y valentía, ¡haga desde ahora lo que siempre deseó! y llénese de felicidad, porque de aquí en adelante es usted quien decide qué vida quiere vivir.

 

Referencia:

Eco, U. (2016) De la estupidez a la locura. Cómo vivir en un mundo sin rumbo. (1ª. ed.). México: Penguin Random House, Grupo Editorial, S. A. de C.V.

Imagen: ContigoSalud

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