Un paso para un cambio irreversible, ¡aprueben reformas!

| Por: #JusticiaYa |
La reforma del sistema de justicia es obligatoria si queremos que los logros de 2015 sean definitivos. Ante la desesperación con la que las fuerzas oscuras y sus cómplices amenazan la esperanza, hacemos un llamado nacional a defender los triunfos conseguidos y con ellos el futuro de Guatemala.
La indignación en la que estallamos nos debe conducir a reformar el sistema para replantear los pactos nacionales que nos han defraudado. Si el pueblo demandó cambios, es pertinente traducirlos en reformas y promoverlas justo ahora, que las mafias están más débiles que nunca y la vigilancia ciudadana acompaña dignamente la depuración de las instituciones.
Sin embargo, en dos fines de semana, mediados por un mes de diferencia, fueron pactadas en círculos muy pequeños, con gente muy poderosa, las presidencias de la Corte Suprema de Justicia y del Congreso. Esto con la intención de revertir los procesos de limpieza que arrancaron desde que se destapó el conocido caso de La Línea.
Entendemos que la cooptación del Estado no es solo un caso judicial aislado, es una forma de ejercer el poder a favor de pocos. Es un mal que atraviesa al sistema político, ayudado por bancos, oenegés, medios de comunicación, sindicatos, farmacéuticas, negocios, universidades, municipalidades, juzgados, constructoras y demás.
No caben dudas, necesitamos un marco legal diferente para poder limpiar la casa de este entramado corrupto que se nutre de sí mismo y aprende a adaptarse fácilmente.
Sin embargo nos agotamos en los matices que nos distancian, sin reparar en que tenemos un enemigo común: las estructuras criminales paralelas al Estado. Es por ello que debemos asumir el poder que nace cuando nos encontramos, participamos, exigimos y nos movilizamos.
Solo cuando seamos libres de los aparatos criminales paralelos al Estado, y sus cómplices, podremos ejercer con plenitud nuestra verdadera soberanía. De lo contrario, esta se vuelve un estribillo necio del crimen organizado y sus voceros, una excusa.
Mientras leemos esto, los cómplices de la impunidad ya intentan confundirnos para paralizar el movimiento. Lo que nos divide no es la falacia de que con estas reformas no seremos iguales ante la ley. Lo que sí nos segrega es la evidente desigualdad en la que vivimos. La comodidad de pocos y la miseria de muchos, esta es la gran injusticia a vencer.
Lo tenemos claro: el país aún no ha cambiado, quienes lo hemos hecho somos nosotros, que podremos transformar la realidad si permanecemos unidos en la clara visión de un país diferente.
No es cosa nueva este clamor por la justicia, es una demanda que viene de las más profundas raíces del pueblo guatemalteco. Reformar para garantizar la justicia, ahora es cuando.
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“Aún conviene que se haga justicia, no desfallezcas mi valiente Rabinal Achí. ¡Cielo y tierra sean contigo!”

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