Una novela, que deja un rastro en sus lectores

Antonio Ortuño, es un escritor mexicano, que según la crítica sabe manejar el humor negro, así como la habilidad para plasmar los dilemas de sus personajes.

Y en su novela El rastro,  es justamente lo que hace, logrando un juego en el  tiempo de manera entretenida que crea en el lector una curiosidad incesante sobre el desenvolvimiento de la historia.

En esta novela, Ortuño narra la historia de Luis, un joven solitario que cuenta un fragmento de su vida  reconstruyendo su pasado, que formó su personalidad introvertida, y describiendo con detalles precisos el presente.

Luis cuenta la desaparición de su mejor amigo Paulo, quien es víctima de  un rapto en el pueblo llamado Casas Chicas. Pero este relato de parte de Luis, también es una introspección hacia él mismo, donde tiene que emprender un viaje hacia la entraña de los recuerdos que lo atormentan, así como de los sentimientos que sanan su adolorida alma.

Poco a poco Luis, en compañía de personas que se van sumando a la trama, siguen una serie de pistas para encontrar el paradero de Paulo.

Esta historia también muestra una situación muy común por la que atraviesan los jóvenes en la actualidad: la violencia. Este factor provoca que un secuestro cambie el destino de sus personajes, que los llevará a cuestionarse sobre la realidad en la que viven así como de ellos mismos. El libro termina con un desenlace totalmente inesperado, lo cual deja un buen sabor de boca al lector al encontrarse con un final sorpresivo.

Esta novela, editada por el Fondo de Cultura Económica, es ideal para los jóvenes, ya que su lenguaje amigable ofrece una narración atractiva que atrapa al lector de manera constante donde en cada página surge el interés para conocer el destino de sus personajes.

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