Reminiscencia del 20 de octubre

Autor: Anónimo

Mientras escribo, son las 11 de la noche del 19 de octubre del año 2015, hace 71 años exactamente, jóvenes oficiales rebeldes del Ejército de Guatemala, se levantaban en armas dirigidos por Jacobo Árbenz Guzmán, convocaban a los civiles para repartir armas y poner en jaque a las fuerzas de Federico Ponce Vaidés, quien había quedado al mando del Ejecutivo en sustitución del dictador Jorge Ubico.

Se gestaba entonces la Revolución del 20 de octubre de 1944, misma que tenía como bases, no el socialismo, ni el comunismo como se pretendió hacer creer, sino la instauración de una verdadera democracia, de una Guatemala pluralista y no excluyente, en la que la participación política, y la verdadera ideología partidaria tuvo lugar y encontró su auge.

Fueron 02 los gobiernos de la Revolución, el de Juan José Arévalo y el de Jacobo Árbenz Guzmán, cuyos planes de gobierno se centraban en proyectos progresistas, que únicamente buscaban que Guatemala tuviera la oportunidad de tener un despertar económico y productivo.

Estos sueños se vieron truncados en 1954, cuando los Estados Unidos de Norteamérica intervinieron apoyando la invasión de grupos mercenarios comandados por Castillo Armas, con el objetivo de derrocar el gobierno de la Revolución, esto porque la Reforma Agraria aplicada por Jacobo Árbenz, tocaba intereses de las empresas norteamericanas instauradas en el País, específicamente la empresa de los ferrocarriles, la empresa eléctrica y la compañía frutera, que obtenían grandes réditos de su negocio, prácticamente sin dejar regalías para el Estado.

El 27 de junio de 1954, Árbenz hizo pública su polémica renuncia, dando por terminada la Primavera Revolucionaria que había iniciado 10 años atrás y que había permitido florecieran mentes jóvenes y brillantes, con ideales políticos bien definidos que llevaron a Guatemala a estar a la vanguardia a nivel latinoamericano, pero todo cambió cuando cayó el régimen revolucionario, muchos de esos jóvenes tuvieron que salir a largos exilios e incluso sacrificaron sus vidas por creer en algo.

En los siguientes 42 años reinaría la “política de seguridad nacional” que consistió en la represión violenta de cualquier movimiento social contrario a las dictaduras militares, y que dejó miles de muertos y desaparecidos, entre miembros de las guerrillas, estudiantes y población civil.

En 1996, se firmaron entre la guerrilla y el ejército los Acuerdos de Paz, que ponían fin al conflicto armado interno que ya había dejado como secuela la “cultura del miedo”: miedo a la participación política, miedo a la oposición a los regímenes gobernantes, miedo a la manifestación pública de descontento social, miedo a prácticamente todo, pero sobre todo nos llevó a la pérdida de la memoria histórica de nuestro pasado.

No contentos con eso, quienes aprovecharon esos 42 años para enriquecerse y sembrar el terror en la población inerme, se enquistaron en todos los niveles del Estado y del Gobierno, para seguir influyendo en las políticas públicas y se siguieron favoreciendo durante los siguientes 19 años de las arcas del Estado.

Pero el 16 de abril del año 2015, después de tantos gobiernos de pacotilla, después de tantos atropellos, se comenzó a reivindicar el honor del pueblo, el honor de los asesinados, el honor de los desaparecidos, el honor de los exiliados y de quienes fallecieron en el exilio, lejos de la madre patria. Ese día marcó el inicio de una nueva Revolución para Guatemala, con el destape de la organización criminal denominada “La Línea”, por parte del Ministerio Público en auxilio de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala – CICIG-, en el cual se señaló con pruebas contundentes la participación de los más altos gobernantes del organismo Ejecutivo en actos de corrupción.

Producto de esta demostración de institucionalidad tanto por parte del Ministerio Público como del Organismo Judicial, se devolvió al pueblo la credibilidad en las instituciones públicas, y esto produjo un verdadero despertar en las masas, que provocó múltiples y multitudinarias manifestaciones en todo el País que llevaron a la renuncia de quien fuera la Vicepresidenta y posteriormente del Presidente de la República, quien como es sabido fue oficial de inteligencia del ejército de Guatemala durante sus años más represivos.

Guatemala despertó, después de un letargo de 61 años, perdió el miedo, pero eso no es suficiente, es necesario que las mentes jóvenes revivan la historia, aprendan de ella, y florezcan de entre las cenizas, es imperativo que si bien se venció también la tradición electoral, eso no nos parezca un logro, porque el verdadero logro será cuando los jóvenes tengamos propuestas políticas comprometidas con la ciudadanía, y no vendamos a nuestra patria por unos “lenes”, cuando desarrollemos proyectos nacionales incluyentes que representen los intereses de las mayorías y no el beneficio de unos cuantos, y que además estemos dispuestos a dar la vida si es necesario por defender esos ideales.

Ya demostramos al mundo que también se puede hacer Revolución sentado detrás de un escritorio en una institución pública con voluntad y fervor patrio, manifestando pacíficamente con una pancarta, y detrás de las urnas, ahora demostremos que podemos hacer verdadera política y hacer las ruedas de la historia girar por una nueva Primavera para Guatemala.

“Con la satisfacción de quien cree que ha cumplido con su deber, con fe en el porvenir, yo digo: Viva la Revolución de Octubre, Viva Guatemala”

– Discurso de renuncia, Jacobo Árbenz Guzmán

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