Una Columna para la vida

“No estás deprimido, estás distraído de la paz. Por eso te pregunto: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez?”

(Facundo Cabral)

 

Por José David Castellanos, intentando vivir de verdad.

 

La vida es demasiado corta para perderla entre la marea de lo que llamamos problemas, deseos, culpas, insatisfacción, infelicidad. Cuando miras las flores dime: ¿qué sientes? Viviendo en un sólo instante en el que Dios ha permitido que el sol, el aire y la tierra se entrelacen y creen la vida de una sola de ellas, que está ahí, recordándote que tu vida es tan corta dentro de un universo inmenso, en el que han vivido miles de flores y de humanos… y ninguno de ellos se llevó nada más que las alegrías y los buenos momentos que disfrutó… y que nadie dejó nada más que las buenas obras, aquellas que permiten recordar a las grandes luces de nuestra historia. Si esto es verdad, entonces la única forma de que tu vida y la mía trasciendan es conectándonos con el universo que nos creó, dejando que la fuerza que lo mueve, el amor, nos conduzca y nos lleve, para siempre, a realidades más profundas, más sabias y hermosas.

Mientras piensas en el dinero que no tienes, tu hijo pinta una obra de arte en la que su padre y él se pierden en el ensueño de la alegría y de los juegos. ¿Cuándo vas a dejar de ver la periferia para empezar a ver lo esencial, aquello de lo que realmente te acordarás en el día de tu muerte?

Mientras te distraes en la inconsistencia de los pensamientos inservibles, las peleas, la rutina, las carreras de cada día y los trastornos que, al igual que todos, llevas contigo; hay una fiesta que danza allá afuera: en la realidad, a la que llamamos vida, movida por el motor que nos creó a todos: el amor. Vida, en la que se baila, se brinda, se ríe, se canta, se escribe, se besa, se abraza y se beben las gotas del café que te despierta, un día más, para que vayas a celebrarla.

Todas las maravillas de este día, el único que realmente tienes, vienen envueltas en el paquete que la alegría dejó por la mañana en la alfombra de tu puerta, aquel que Dios quiere abras. Y si no crees en Dios, llámale Universo al mensajero que te invita a gozar hasta el último momento antes de cerrar los ojos, para siempre, de tu caminar.

Sólo si eres feliz podrás crear maravillas: ayudarás al universo a expandirse, creando milagros que viajan más rápido que la luz. Sólo si eres feliz cumplirás la sagrada misión que mora en tu corazón, aquella que crece y baila naturalmente cuando haces lo que amas. Sólo si comienzas a ver lo que realmente importa, podrás ayudar al pobre que te necesita, al anciano, al niño… a ti mismo.

Por eso te pregunto: ¿cuándo dejarás atrás la insignificancia de los pensamientos que te preocupan, que te absorben, que te pierden entre la nimiedad de las cosas que no importan, cuándo vas a dejar el juego de la pequeñez? Porque hay grandes maravillas allá afuera, que hacen majestuosa tu vida y pueden hacerte volar, muy alto… muy alto.

Sólo tú puedes decidir vivir lo esencial, lo que le da sentido a todo. Sólo tú puedes gozar los árboles, los dibujos de tu hijo, el sol que nace, los pájaros que cantan, la llamada de tu abuela, la fiesta con los amigos, el estudio que enriquece, el trabajo que construye, la comida que te nutre, el viento que renueva y el amor que engrandece. Sólo tú eres capaz de quitar el velo que te ciega y te impide ver lo evidente: el abrazo de tu novia, el baile ridículo de tu hermano, el beso de tu madre, la caricia de tu abuelo, el saludo cariñoso de tu amigo.

La belleza de la vida se refugia entre las cosas pequeñas, entre la maravilla del sol que alumbra y el viento que le imprime vitalidad al árbol que está frente a tu ventana. Lo esencial se aloja en cada una de las maravillas que componen tu vida.

Tienes un lugar en el que te refugias del frío cada noche, comes todos los días, te vistes, tienes una familia que te ama, muchos amigos que piensan en ti, una personalidad que engrandece la vida de los demás, muchos libros que te encantan y miles de melodías que te hacen sentir vivo. Lo ves, eres afortunado. No tienes problemas… cuando te quitas la venda y empiezas a ver: las deudas no importan, ni el carro defectuoso, ni la ausencia de tus padres, ni el novio que te dejó por alguien más, nada de eso importa y nada de eso te llevarás cuando dejes este cuerpo transitorio y te unas a la fuerza que mueve el universo.

 “No encuentras la felicidad y es tan fácil. Sólo debes escuchar a tu corazón antes que intervenga tu cabeza, que está condicionada por la memoria, que complica todo con cosas viejas, con órdenes del pasado, con perjuicios que enferman, que encadenan, la cabeza que divide, es decir empobrece, la cabeza que no acepta que la vida es como es no como debería ser. Haz sólo lo que amas y serás feliz y el que hace lo que ama está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar porque lo que debe ser será”.

(Facundo Cabral).

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